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"El arte es cuando nos toca el corazón , cuando nos abre los ojos al expectador, cuando nos enseña, cuando nos mueve de la superficialidad y nos incita a ver nuevos horizontes." "KAY KAY Y XENG XENG VILU" es una obra bilingue en mapudungun y castellano, esta leyenda de Kay Kay y Xeng Xeng Vilu nos narra el origen del Pueblo Mapuche. Se presenta todos los sabados y domingos hasta el 29 de Agosto a las 17: hrs en el Centro Mori Bellavista (constitución 183) Leer mas
'Primer comic al que le di produccion legal. Aqui les presento un cuento rescatado de los relatos orales mapuche. Dedicado a mi ñuke y al pueblo mapuche' Francisco Arias Y? Qué le parece? Dejenos su opinion
via Palabras Prodigas | La historia se basa en la observación de los lugareños, quienes afirman que el Cerro se enoja en cuanto advierte que un forastero comienza su escalamiento a pie o asciende a caballo. Lo verdaderamente curioso es que son frecuentes la coincidencias.


A los chicos de Lecturas (revista literarea) justo ahora se les ocurrio revisitar la leyenda de estas dos miticas serpientes. Una idea bastante ad-hoc dadas las circunstancias! El problemita es que el texto en cuestion es un "copiado y pegado" del articulo Wikipedia de Txen Txen y Kai Kai Vilu. Yo esperaba MAS viniendo de una "revista literarea"! Ademas, hay que decir que el titulo del articulo es demaciado sensacionalista para tomarlo en serio "Mitologia Mapuche para comprender el desastre en Chile"! No me sorprenderia si dentro de poco las malas lenguas terminaran atribuyendole el atentado a los poderes sobrenaturales de las machis. Si usted quiere conocer mas sobre la mitologia de la tradicion oral mapuche lease los Cuentos de Olvido de Cristian Aurelio Antillanca por ejemplo. También les sugiero leerse -en la revista chilena de litetarura N°47- el articulo de Ivan Carrasco bautizado "Voces étnicas en la poesia chilena actual" En fin, hay mucho por conocer. Sea curioso!
Cerca del lago Paimún, oscuro y silencioso como un estanque, donde el tiempo se amansa junto con la corriente, vivían hace mucho tiempo dos hermanas: Painemilla y Painefilu. Las dos eran jóvenes y hermosas, y un día un gran jefe extranjero se enamoro de Painemilla. La muchacha y el inca se casaron y se fueron a vivir a su hermoso palacio de piedra, construido en la cercana montaña de Litran-Litran.


Originalmente posteado en Pequeños Soles de Noe

Pronto Painemilla supo que esperaba un hijo, y el inca convoco a los sacerdotes para que hicieran sus profecías. Uno de ellos dijo que nacerían un varón y una mujer, y que los dos, en señal de distinción, tendrían en el pelo una hebra de oro.

Como se acercaba el momento del nacimiento y el inca tenia que viajar a sus tierras del norte, Painemilla le pidió a Painefilu que subiera al palacio para hacerle compañía. Así se reencontraron las dos hermanas, pero las cosas ya no fueron como antes, Painefilu sentía una envidia inconfesable de Painemilla, de su vida que parecía tan fácil, tan plácida, colmada de abundancia y de amor... Odiaba su facilidad para hacerse querer y su aparente ignorancia de los malos sentimientos... le dolía verla acariciar distraídamente su vientre que crecía, mientras se sentaba a tejer o a trenzar los Kupulhues, y sola, durante muchas noches, no pudo pensar en otra cosa más que en los ojos amantes con que el inca había mirado a su hermana al despedirse.

Painefilu trataba de disimular sus sentimientos y cuidaba mucho a Painemilla, pero sentía que el mundo se achicaba a su alrededor, que el corazón se le volvía pesado y duro y que ya no podía levantar la cabeza para mirar a nadie a los ojos.

Con el nacimiento pareció enloquecer: convenció a su hermana de que había parido una pareja de perritos y escondió a los hermosos mellizos que habían recibido en sus brazos. Hizo fabricar un cofre, acomodo en él a los bebes y mando que lo arrojaran en la zona más correntosa el lago Huechulafquen. En el palacio Painemilla lloraba espantada, mientras amamantaba a dos perritos.

Cuando el inca estuvo de vuelta, no hubo manera de que perdonara a su mujer. Furioso, dando enormes pasos que resonaban sobre las piedras del piso, con su mano alzada como para castigarla, echo a Painemilla, la mando a vivir a la cueva de los perros e hizo matar a los cachorritos. Painefilu, sombría, siguió viviendo en el palacio, cada vez mas callada, como si todo lo que había pasado pudiera tragárselo el silencio.

El agua del Huechulafquen se abrió para recibir el cofre donde dormían los hijos de Painemilla y sé cerro sobre el cubriéndolo de espuma. Pero la caja se asomo unos metros mas allá y se mantuvo milagrosamente a flote, oscilando entre las olas, nadando en círculos en los remansos, atascándose a veces entre las piedras y las plantas de la orilla... dicen que Antü, el padre Sol, desde le cielo, descubrió el cofre por el brillo de su cerradura de oro y decidió protegerlo, dándole calor o sombra según lo necesitara... hasta que, cierto día, un hombre viejo que pasaba junto al lago vio el cajoncito brillante, muy cerca de la costa, entonces lo saco del agua y se lo llevo a su casa, admirado de su hermosa cerradura dorada, pero no lo abrió enseguida porque era la hora de comer y no quería hacer esperar a su vieja esposa.

La pareja comía su chaskiñ cuando escucho unos sonidos extraños, como el entrechocar de huesos, que provenían del cofre. Lo abrieron con cuidado y encontraron a los rubios mellizos de hermosos cabellos entre los cuales se destacaba, mas largo y brillante, un pelo de oro.

Los viejos mapuches se asombraron mucho de los recién nacidos, que se pusieron a crecer ostensiblemente apenas los alzaron del cajón. Y los criaron con amor, aun sabiendo que nunca serian como ellos esos extraños y hermosos niños que nunca comían, y que, sin embargo, se hacían tan grandes como hijos de dioses.

Un día, mientras el inca paseaba tristemente por las inmediaciones del lago, pensando, como siempre, en que era un padre sin hijos, un esposo sin esposa y en que nunca comprendería bien por que, vio a los mellizos que jugaban junto al bosque. Le atrajeron de inmediato esos chicos solitarios, un niño y una niña, que tendrían la edad de los suyos si estos hubieran sido humanos como se esperaba... quiso conversar con ellos y, al acariciar la cabeza del varón, sintió en su palma el pelo de oro. Y de esa manera, en un instante, los tres se reconocieron. Pero el muchachito enfrento al inca con violencia:

- ¡No podemos llamarte padre! Echaste a mama del palacio. Pasa frío y hambre entre los perros. Se abriga con un cuero pelado y tiene que disputarle la comida a los animales. Era una reina y vive peor que un perro, porque piensa y recuerda... Te repito: no podemos llamarte padre.

Conmocionado, el inca mando que llevaran a los mellizos al palacio de Litrán. Una vez allí, su hijo volvió a increparlo:

- ¡Queremos ver a mama ahora mismo! No nos quedaremos ni un minuto si no la liberan y le devuelven el respeto que se merece. Si no es así, te juro que no mandaras por mucho tiempo.

El inca obedeció, y así fue como Painemilla y sus hijos se reunieron, se conocieron y no se separaron nunca más.

De Painefilu, la traidora, se vengaron sus propios sobrinos. La ataron, la empujaron afuera del palacio y la obligaron a sentarse sobre una roca. Entonces el muchacho sacó un objeto que tenía guardado, alzó hacia el sol la pequeña piedra transparente y rogó:

- ¡Ayúdame, Antü! ¡Que todo tu calor atraviese mi piedra mágica! ¡Que se convierta en rayo, en antorcha, en la llama más azul, para destruir a Painefilu!

El prodigio se cumplió, y de Painefilu solo quedo un montón de cenizas. Pero un pedacito de su corazón no alcanzo a quemarse, y cuando llego el viento a dispersar los vestigios, de entre el remolino ceniciento salió volando un pajarito tornasolado.

Era el pinsha, el picaflor, que según los mapuches predice la muerte, que vive inquieto y triste como Painefilu. No se posa en las ramas ni roza con sus alas el follaje como los otros pájaros; tiembla, tiembla de miedo constantemente y, como si esperara un castigo, se esconde en cavernas oscuras o se aferra con desesperación a los acantilados.
Es una especie de pulpo que se cría en el agua y tiene las dimensiones y el aspecto del pellejo de un animal vacuno perfectamente estirado. Su fuerza es tal que puede arrastrar al fondo y despedazar a un mismo tiempo caballo y caballero. Para cazarlos, se hecha en el agua un trozo del arbusto llamado "Quizco", que esta enteramente cubierto de grandes espinas. El cuero lo envuelve y se hiere por todas partes muriendo al fin después de agitarse enloquecido, sin haber logrado desprenderse del formidable leño, su nombre autóctono (del mapuche es Trelke-wekufe).


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Una de las historias mas difundidas fue: " Una dueña de casa se encontraba lavando la ropa junto a su pequeño hijo en el río Coihueco, cerca del puente, mientras enjuagaba la ropa, dejó a su pequeño bebé sentado en un hermoso cuero de vacuno, cuando vio aterrorizada como el cuero se cerraba atrapando a la guagua y llevándosela al fondo de lo que en ese tiempo era un gran raudal. (Trascripción de un relato escuchado por el autor de la Pagina Web, de la Sra. AUDELIA LEIVA CONTRERAS, 78 años)
Según el correcto mapudungun el nombre es "Piwichen", una arcaica serpiente alada que grita en la noche, vampiresa la sangre de los humanos y les roba la energía durante el sueño. En Coihueco, se le recordaba como un culebrón que devora las ovejas, principalmente la negras, con las que muestra una particular predilección. Texto vampirizado de comunacoihueco.cl